sábado, 23 de octubre de 2010

Nunca te dije adiós


Tenía la esperanza de desahogar en ti todas las derrotas que me ha supuesto la vida y siempre estaría a tiempo de hacer sangrar mis nudillos llamando desesperadamente a las puertas de mi incertidumbre, así que… entre mis opciones hacia ti, nunca ha existido la despedida.
Uno no puede despedirse del clavo que le ata al flujo incesante de dolor y esperanza del que siempre ha estado formado su vida, como tampoco tu reloj puede contar todos los silencios que me gritaste mientras tu lengua envolvía de felicidad cada rincón de mi cuerpo.
En cualquier caso, no niego que te echo de menos. También añoro cada uno de los lugares a los que no fui contigo y todos los sueños en los que arraigué mi futuro desde el momento en que me hiciste callar ahogando mis lágrimas con tus besos.
Justo por eso, aún hoy sigo siendo sólo una palabra escondida en tu narración de miradas sin atreverme a pronunciar siquiera el término “adiós”. Todavía me pierdo en el ritmo de tus penetrantes latidos que continúan germinando en mi corazón insondable, mientras mi alma se encoge llorándote como una hoguera bajo el sol.
Pero... sé que nunca te diré adiós.

1 comentario:

  1. Ya he visto que te gusta mi blog... Gracias por copiar todas y cada una de mis palabras.
    MIZPAH

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